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Las bajas tasas que dominarán EN EL NUEVO MUNDO




   

 El crecimiento de la inteligencia artificial, de los abuelos y de las aplicaciones para contratar paseadores de mascotas significan una cosa en materia macroeconómica: bajas tasas de inflación e interés. Estos son algunos de los aspectos visibles de varias macrotendencias demográficas, sociales y tecnológicas que son claves para entender la situación en que se encuentra el mundo y tomar sus próximas decisiones de inversión.

Contrario a lo que debiera suceder luego de largos períodos de baja inflación y altos estímulos monetarios, el mundo está hoy en un proceso de desaceleración global. Esto ha llevado a nuevas caídas en las tasas de interés, tanto de corto como de mediano plazo, en varios países, incluyendo Chile. En pocas palabras, el crecimiento se agotó y el costo del dinero volvió a caer, en un contexto de bajo desempleo, en especial en EE.UU., y con salarios que no despegan. Se trata de un nuevo mundo, cuyas causas hay que entender, pues afectan los precios de activos y los seguirán afectando por un buen tiempo. Las tendencias que impulsan este nuevo mundo seguirán favoreciendo un ambiente de crecimiento moderado pero sostenido -más allá de los ciclos habituales- y disponibilidad de empleo, pero con salarios e inflación contenidos.

Una de esas causas son las ganancias de productividad derivadas de la "cuarta revolución industrial" y que se traducen en reducciones significativas de costos, favoreciendo un crecimiento sostenido de la economía, pero sin presiones inflacionarias. Quizás no veamos muchos nuevos productos finales tan revolucionarios como lo fueron el iPhone o Facebook. Sin embargo, al interior de las empresas, la inteligencia artificial, el manejo de grandes cantidades de información (big data) y las economías de red se han puesto al servicio de las mejoras de procesos, el mayor aprovechamiento de los recursos y la inteligencia de negocios. Esto no es ciencia ficción: ya ocurre, y no solo en las grandes corporaciones y economías más desarrolladas. En nuestro propio país lo vemos y sentimos.

El resultado de lo anterior son reducciones de costos, así como una mayor capacidad para llegar a más clientes con el producto preciso, aumentando el volumen de ventas a márgenes más pequeños. En términos macroeconómicos, esto significa crecimiento sin inflación. Es el caso de EE.UU., que ha crecido a tasas de 2% anual en el último lustro. Si bien no es espectacular, está lejos del cero que muchos creían sería la norma tras la crisis. La desaceleración que vivimos hoy es parte del ciclo.

Es poco habitual que las ganancias de productividad generen pérdidas de empleos. En efecto, lejos de dejar a las personas desempleadas, como auguraban los más apocalípticos, se han generado nuevas oportunidades de trabajo. Otra vez usando a EE.UU. como ejemplo, el desempleo se encuentra en mínimos históricos. Lo malo es que muchos son empleos de mala calidad y de menor remuneración. En Chile, crece el ejército de repartidores, ya sea de personas (Uber y similares), de bienes (UberEats y similares) e incluso de servicios. En otros países, las aplicaciones se han extendido a servicios de paseadores de perros a visitas de médicos a la casa o masajes. Así, aún en una situación de menor actividad económica, podemos ver situaciones de fuerte creación de empleo (y bajo desempleo como en EE.UU.), acompañado de salarios que se reajustan levemente por sobre la inflación.

A lo anterior se suma el alto endeudamiento mundial, que hace muy difícil que las economías se "sobrecalienten". En EE.UU., la deuda pública equivale al 100% del PIB, sin contar el preocupante endeudamiento de estudiantes y los préstamos de alto riesgo a las empresas, apalancados sobre expectativas de crecimiento futuro. Ni hablar de Europa. Incluso la deuda china alcanza niveles inéditos. Si bien la carga financiera no es muy elevada, pues el interés es bajo, la capacidad del gasto público y privado de acelerar es mucho más limitada que hace unos años. A esto se suma el envejecimiento, aumentando la proporción de ancianos en la población, lo que favorece el ahorro.

Todo lo anterior ayuda a que la inflación sea más proclive a mantenerse bajo las metas de los bancos centrales que por sobre ellas (3% en el caso chileno). También nos indica que la parte más alta del ciclo la estamos dejando atrás y ahora nos toca una desaceleración global. En algún momento, y es de esperar que más pronto que tarde, la economía global volverá a tomar vuelo, pero difícilmente veamos niveles de inflación y tasas de interés muy elevados, al menos por varios años.

 



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